domingo, 4 de diciembre de 2011

Crónicas de funciones: Macbeth, Ópera de Roma, 27/11/11


Estreno de la presente temporada de la Ópera de Roma, con la primera función de este Macbeth a las órdenes de Muti, con dirección escénica de Peter Stein, en una producción vista ya este verano en Salzburgo.

Valoraciones:

- Muti: para arrodillarse a su paso. Increíble la cantidad de matices, de tensiones buscadas, los tiempos subrayados, las dinámicas, las texturas... alucinante... Un lujo, se mire como se mire.A sus órdenes la eficaz orquesta de la Ópera de Roma sonaba como si fuese mucho más que una formación solvente. Un sonido maravilloso. Lo mismo cabe decir del coro. Un gran nivel.


- Solari: su Macbeth fue muy decente. Eso significa que, sin ser un Cappuccilli, hizo una lectura vocalmente aseada, solvente, con varios momentos de más altura y teatralmente muy preciso y contrastado. Probablemente sin Muti en el foso no hubiera sido tan redonda su lectura. Pero resultó sobradamente convincente.

- Tatiana Serjan (Lady Macbeth): una señora Lady Macbeth. Lo tiene todo para el rol. La voz tarda un pelín en calentar pero consiguió estar a punto para el "Or tutti, sorgete...". De ahí en adelante, un derroche de medios y una técnica algo básica pero eficaz, que le permitió irse arriba y marcarse un diminuendo en la escena del sonambulismo.

- Riccardo Zanellato (Banco): discreto, la voz no tiene la autoridad y el empaque necesarios, ni la oscuridad precisa para un Banco epatante. Canta con gusto, se esfuerza en el fraseo, en subrayar el texto, no "ladra" en ningún momento, pero el material de partida le impide conseguir algo más que una actuación discreta. Fue muy aplaudido, demasiado para mi gusto.

- Antonio Poli (Macduff): magnífico. Ya tenía ganas de escuchar a este chico en directo. La voz suena estupenda, un lírico puro y duro, italianísimo, timbre grato, registro homogéneo y frasea con gusto. Muti le quiere bien. Su escena como Macdfuff fue estupenda.



- dirección escénica de Peter Stein: irregular. Momentos muy buenos y momentos muy rutinarios. Me gustaría comentarla con alguien que la haya visto en Salzburgo.

Resumiendo: estupendísima función, sobre todo por un Muti impagable, en torno al que todos parecían crecidos. Verdi en vena, casi en sobredosis.

fdo. Alejandro Martínez

jueves, 24 de noviembre de 2011

Crónicas de funciones: Le Grand Macabre, de Ligeti (Liceo, 19/11/11)


El sábado pasado acudí al Liceu para el estreno en España de la única ópera del compositor húngaro Gyorgy Ligety El gran macabro. Con bastante aprensión, confieso, al encontrarme ante una obra completamente desconocida para mí y de la que he oído opiniones para todos los gustos.

A la salida del teatro, mi estado de ánimo era completamente distinto. Había disfrutado enormemente, me había divertido y, en suma, había asistido a un espectáculo teatral, en el más puro sentido de la palabra. Pero vayamos por partes.

Empezaré matizando que esta crónica es resultado de un primer acercamiento a la obra, con todas las limitaciones que eso supone. Pero, contrariamente a lo que uno pudiera pensar, el Macabro es una ópera que resulta cercana a un espectador neófito. Siempre que uno acepte sus reglas, claro está. Quien acuda pensando en Il Trovatore se va a ver fuertemente decepcionado.


¿Qué es El gran Macabro? ¿La anti-ópera, como llegó a afirmar su autor? Yo me atrevería a corregirle diciendo que me parece una semi-ópera. Ópera a veces, a veces teatro. Donde los personajes sobre el escenario tienen que ser más actores que cantantes. Donde no hay melodía. Y sin embargo, es rabiosamente ópera, con esa abundancia de sensaciones transmitidas a través de la orquesta, a través de la escena. No sé qué es El gran Macabro, pero sí sé que nunca había visto u oído nada que se le pareciera.

Y por fin llego al quid de la cuestión: el Macabro tiene que verse sobre el escenario, se sustenta sobre una escena y no creo que soportara con éxito una representación de concierto. Es que es cualquier cosa menos música de concierto.

Por tanto, creo que la verdadera protagonista de esta serie de veladas del Liceu es la producción de la Fura dels Baus. Que es la magnífica composición de Álex Ollé la artífice del éxito de esta ópera en los últimos años en los teatros que ha visitado. A la salida del Liceu discutía con un amigo buen conocedor de la obra sobre la adecuación o no de la idea de la Fura a la ópera. El no estaba convencido, yo, sin embargo, entusiasmada. Creo que la Fura ha aprehendido a la perfección la esencia de la comedia del absurdo que representa el Macabro: la sucesión de situaciones cotidianas, extraordinarias de puro ordinarias. La elevada filosofía de los personajes más bajos (como Pier the Pot). La minúscula relevancia de la mayor tragedia (la muerte, en el personaje de Nekrotzar). Las urgencias terrenales de los amores perfectos (Amando y Amanda). En fin. Tutto nel mondo è burla. Y la Fura, con una dirección de actores como nunca les había visto, bordan sencillamente la traslación del libreto a imágenes. Incluyendo el no tomarse a sí mismos demasiado en serio. Solo puedo decir que “Thriller” ya no volverá a ser lo mismo.

Eso sin mencionar el prodigio técnico de la escenografía, con la superposición de vídeo sobre la figura gigante creando un juego de imágenes que uno no se puede perder, y al que no creo que una edición en dvd le pueda hacer justicia. Eso sin mencionar la maravillosa iluminación de Peter van Praet.

En lo musical, Michael Boder resolvió la papeleta con soltura. Creo que la partitura del Macabro puede parecer engañosamente sencilla, pero la orquesta sigue tan de cerca al libreto, acompaña con sus exabruptos, con sus pianísimos, con sus silencios, tan fielmente a la historia, que hay que estar muy atento para dar a cada compás la entonación, la intención justa.


Vocalmente, no creo que estemos ante una obra para que un cantante se luzca. Un amigo mío diría que el Macabro pertenece a esa serie de óperas que no pueden tararearse en la ducha. Digamos pues que los cantantes cumplieron, destacando más como actores (¿es ópera, entonces?). Chris Merrit construyó un bonachón Piet, acompañado de un Frode Olsen apenas audible como Astradamors. Werner van Mechelen cumplió como Nekrotzar, aunque seguramente fue el menos versátil de la noche y le faltaba un punto de fuerza para llegar al personaje. Ning Liang era Mescalina, que también cumplió. Mejor Brian Asawa como Gogo, aunque diría que su papel tiene tanta parte cantada como hablada.

Dejo para el final lo mejor del reparto: las dobles parejas de Ana Puche e Inés Moraleda como Amando y Amanda, muy bien compenetradas en el dúo, y Francisco Vas y Simon Buteriss como el Ministro Blanco y Ministro Negro. Finalmente, Barbara Hannigan doblando a Venus y Gepopo, estuvo sencillamente espectacular, especialmente en la escena del segundo personaje.

En resumen, no sé si el Macabro es ópera o no. Pero si pueden, no se la pierdan.

fdo. Alicia Cano

lunes, 21 de noviembre de 2011

Crónicas de funciones: Roméo et Juliette (AGAO, 19/11/11)


Siguiente título en la temporada de la ABAO y turno ahora para Romeo y Julieta de Gounod.


A pesar del quizá excesivo minutaje de la obra, hubo unas cuantas cosas relevantes: lo mejor vino de la mano de Caballé-Domenech y la Sinfónica de Navarra. Esta orquesta es la mejor de las que suelen pasearse por el Euskalduna. Y la batuta fue de muy alto nivel: había técnica, había gesto, había intenciones, había criterio y había resultados, porque todo lo que intentó le salió. Bravo, bravo.


Vamos con los cantantes.

Ciofi: Es muy complicado valorar a una cantante TAN inteligente pero con un instrumento tan pobre en origen y además hoy tan mermado. De algún modo fue un leve error de cast. Ciofi sigue teniendo medios para dar lecciones como ligera, pero como lírica pura es evidente que naufraga, sin graves y sin un centro carnoso y cómodo para recrearse. Las páginas de ligera pura que tiene el rol fueron de impresion, y a todo lo demás le puso muchas ganas, mucho criterio y mucho teatro del bueno, pero la voz tiene las limitaciones que tiene. Así pues, gran cantante, artistaza, pero limitada o irregular como Juliette.



Bros no llegó a estar tan cómodo en el rol de Romeo como lo encontré este mismo año en la Bolena o en el Werther. La sensación de primera lectura fue constante durante toda la funcion. Y quizá no podía ser de otro modo porque debutaba el rol, pero le falto despegar del todo, sentirse menos tirante arriba, recrearse, etc. No obstante, sigue cantando con un gusto exquisito, con un timbre cada vez menos nasal y con más centro, en un francés casi impecable. En suma, notable noche la suya, un debut convincente, pero le he visto en mejor forma este mismo año.


Secundarios resultones tirando a flojos. Pero nadie estorbó en demasía.

Y la puesta en escena de Arnaud Bernard (que acertó de pleno con su pasado Falstaff) me pareció muy floja. Muy pobre dirección de escena, sobre todo pésima en los movimientos corales, ruidosísimos. Y la escenografía tan blanca y tan básica... Lo mismo hubiera valido para una Gioconda que para este Romeo que para dos o tres títulos más. La omnipresencia de un blanco sin significado ni contribución escénica me dejo un mejorable sabor de boca.

Resumen, pues, notable noche de ópera, con destellos de gran trabajo y momentos mucho más flojos, ni mejor ni peor que el Boccanegra que abrió la temporada.

fdo. Alejandro Martínez

martes, 15 de noviembre de 2011

Crónicas de funciones: Die Walküre, Teatro de la Maestranza, Sevilla, noviembre 2011


A continuación, un par de crónicas, levemente dispares en algunos puntos, sobre las funciones de Die Walküre programadas por el Teatro de la Maestranza de Sevilla en este mes de noviembre. La primera crónica corresponde a la función del estreno y la segunda a la del lunes 14.



Función del estreno

Para mi, la noche del pasado viernes fue mágica. Fue de esas representaciones que queda para siempre grabada en el personal libro de experiencias operísticas. ¿Fue una función perfecta? Eso es muy difícil hoy por hoy y menos con Wagner. Pero hubo muchas pinceladas de maestría y, sobre todo, hubo tres pilares sobre lo que se le levantó una noche muy especial.

El primer pilar fue Pedro Halftter. Creo que el aficionado de Sevilla va ha haciendo justicia a este gran director. Personalmente es casi la razón principal por la que me desplaze al Maestraza. No sólo ha aportado a lo largo de estos años su maestría si no que ha puesto en escena obras infrecuentes pero de una indudable calidad y que son muy difíciles de ver en nuestro país. Su dirección de la Walkiria fue muy ponderada, siempre atenta a los cantantes, elegante y lírica, sin pecar en excesos, premeditadamente lenta, buscando más la intimidad que el dramatismo y la pompa. Fue genial oír a esa extraordinaria Sinfónica de Sevilla (que también pecó de algún despiste sobre todo en los vientos).

Una Walkiria con un buen Wotan es impagable y ese fue otro de los méritos de la representación. Volle estuvo enorme, genial, con una voz perfecta para el papel, matizando, interpretando, viviendo su papel. Ya se ha dicho la perfección de su confesión del II Acto, cuando fue poco a poco desgranando su fracaso como dios. Lo mejor de la noche vocalmente, sin duda.

Había visto la puesta de la Fura en los dvds de Valencia. Ganas me dieron de tirarlos en cuanto volviera a casa. Nada que ver con la maravilla que es ver esta excelente recreación de la Tetralogía en directo. El sentido poético de la obra no se olvida en manos de la tecnología si no que esta se pone a su servicio haciendo que sientas todas las pasiones que fluyen por la obra. No me gustó el vestuario pero eso era lo de menos ante la extraordinaria concepción de la dramaturgia wagneriana. Una obra como esta bien dirigida teatramente vale el triple.

De el resto, todo estuvo entre el bien y el sobresaliente. Abajo del nivel musical podría la Fricka de Vermillon, aunque le daría un bien. Bravo por el Sigmund de Ferrero. Torear con ese toro germano siendo de una tradición musical tan distinta merece todos los elogios. No es una voz heroica pero cantó con muchísima intención. El más flojo en pontencia vocal. Excelente Lang como Siglinde, aunque a veces chillona y basta, pero es que vivía en una caverna, y preparaba pata de jamón chamuscada. Mejoró mucho en el II Acto y lo bordó en su frase del III. Herlitzius fue una Brunilda rebelde y ágil, con una voz adecuada para el papel, entregaa y vivaracha como atriz, resuelta y valiente en lo musical. No será de referencia pero se defendió como una jabata. Bien, muy bien las walkirias (excepto una, mezzo, que se oía viejuna -siento no saber su nombre pero terminaba en inde-).

Que gran noche, como disfruté, como lloré en los adioses, como aplaudí, como agradecí que Wagner sea bien servido. No hacen falta grandes estrellas (que siempre vienen bien), hace falta ilusión, una gran batuta y alguien que dirija la escena amando a don Ricardo. Siempre a sus pies.


fdo. Javier del Olivo



Función del lunes 14

Acudía con mucha ilusión y grandes expectativas a esta función de La Valquiria. Sobre todo, por tanto leído en estos últimos años sobre la puesta en escena de la Fura. Y también, es cierto, por un cast un tanto desconcertante y por un foso del que esperaba mucho. Y... no todo fue tan estupendo. Me alegra mucho leer lo mucho que disfrutó mi querido Stiffelio. Yo lo pasé muy bien, me emocioné al final, pero encontré muchos claroscuros en la función. Vamos por partes...

Empecemos por Ferrero. Nunca antes le había escuchado, así que ignoro cuál ha sido, en concreto, su evolución vocal. Estoy al tanto de qué cantaba antes, pero me cuesta imaginar que esa voz fuese la de un lírico limitadito. Para nada. De entrada, cuestiono lo dicho aquí por otros asistentes, ya que desde paraíso no aprecié problema alguno de volumen, ni de proyección. Y aquí hay que matizar, porque se confunden algunas cosas, creo. Es evidente que la de Ferrero no es una voz de spinto, ni de heldentenor sobrado; no es más que un lírico con peso, pucciniano, que va bien arriba, que canta seguro. La voz está bien colocada, corre, tiene presencia, volumen, técnicamente no es reprochable. Pero las facultades naturales no le han dado un grave más que correcto y justito de volumen, aquí sí, básicamente porque tiene que descolocar un poco para encontrarlo. Y carece también de un centro terso, acariciador, tan importante para el segundo acto, donde precisamente estuvo más flojo. En todo caso, salvó un Siegmund con muy buenas impresiones. No hay que olvidar que era su segunda función con el rol. Aunque se veía que el papel está cogido con pinzas todavía, es muy meritorio sacar adelante con tanta convicción un rol tan importante. Su primer acto fue irregular, sobre todo por dos problemas: uno escénico, que es su pasividad, pues se le vio muy poco metido en la dinámica de la Fura; y otro vocal, pero no técnico, sino de prosodia, ya que tiene un alemán mejorable, por dicción y por fraseo, sobre todo. La dinámica de la frase wagneriana sonaba demasiado pucciniana, digamos. Y cada fraseo demanda lo suyo. Se comió también alguna nota, caló alguna otra, todo ello pecata minuta, pero hay que reseñarlo. Valoración final, pues, notable alto. Sí, porque no fue espectacular, no fue arrebatador, pero fue convincente, y me alegró encontrar a un cantante español que canta sin forzar un rol que demanda lirismo y peso vocal a partes iguales. ¿Una encarnción limitada? Por supuesto... pero está en el buen camino y me pareció un Siegmund muy meritorio para ser su segunda función con el rol.

Lang compuso una comprometida Sieglinde, en el doble sentido del término: muy comprometida con el concepto de Sieglinde de la puesta en escena, con ganas de dar mucho de sí vocalmente; pero también comprometida en el sentido de algo limitada, condicionada. En concreto, condicionada por unas facultades vocales que ya se muestran mermadas. La voz está cada vez más agría, no es bella, no es tersa, pero arriba, cuando todo entra, tiene pegada, se despliega y ofrece un metal importante. Pero eso no pasa siempre, es irregular. Y el grave no está, por mucho que lo busque. Además, tarda en calentar la voz y no compone la Sieglinde lírica, jóven, entre inocente y luchadora, esa mujer que descubre un mundo fuera de Hunding, sino una lectura mucho más enfática, con apenas "mundo interior", digamos. Fue a más, desde un muy bueno "Du bist der Lenz" hasta el final del primer acto, y lo dio todo, al borde del fallo, durante el segundo acto. Así pues, brava por darlo todo, pero... las limitaciones fueron evidentes.

El Hunding de Ulyanov fue un auténtico troglodita, derrochando voz de forma muy poco productiva. Se limitaba a sonar y sonar, y desaprovechó dos o tres inflexiones clave en el texto, para hacer otras cosas. Voz había, y por arrobas, pero... poco más.

El mejor de la noche, sin la menor duda, fue un sorprendente Volle. Curiosamente, era el que más reservas me generaba dentro del cast previsto. Siempre he tenido a Volle por un decente y correcto barítono lírico, pero con unos medios limitados y un canto de un lirismo un tanto tosco. Ahí está su buen Beckmesser, como ejemplo de lo que yo tenía en mente antes de la función. Pues bien, todo lo contrario, se superó a sí mismo, y con creces, y me convenció desde su primera intervención hasta sus maravillosos adioses. Emocionatísimos esos últimos cuarenta minutos de música, todo el dúo con Brünhilde y su largo monólogo. Qué forma de decir, de sentir el texto, de mirar a su hija, y sin forzar en ningún momento la voz, siempre con una colocación impecable, una voz homogénea. Sus anteriores intervenciones fueron geniales. Recuerdo claramente esos dos impactantes "Das Ende" y también los dos "Gehe" que acaban con Hunding. Estuvo genial ahí. Puro teatro cantado. Grande, grande. Me emocionó mucho el final de la función. Así pues, un Wotan de altura, como no imaginaba encontrarme. La voz carece de graves notables, pero eso no es problema en un intérprete que basó su retrato del papel en mucho más que puro efectismo vocal en dos o tres momentos puntuales. Lo que hizo Volle fue un retrato completo y complejo, vocalmente bien servido y escénicamente intenso. Bravísimo, por tanto.


Vermillion y Herlitzius estuvieron bien. Sobre todo Brünhilde, durante todo el tercer acto, hizo una gran labor, muy escénica, vocalmente en forma. El segundo acto fue más flojo, también tardó en calentar la voz, pero en conjunto fue una BrÜnhilde más que aseada, lo cual ya es mucho vista la complejidad vocal del papel. Y Fricka sí que adolece de una técnica más precaria, es una cantante menos imaginativa, pero a cambio entendió perfectamente el papel, en lo dramático, y se ajustó por completo a la propuesta de la Fura. Vocalmente no fue espectacular, pero sí más que digna.

El foso y Halffter: de notable muy alto, digamos. Es una lástima que Halffter se haya conformado con una lectura efectista, de grandes rasgos, de subrayados de brocha gorda, y no acuda apenas a crear tensiones, a detener el tiempo, buscar la magia. Buscó un sonido limpio, grande, lujoso, reconocible, una lectura firme, directa, pero también de un sólo trazo. Me pareció muy flojo su trabajo con los cantantes. He leído en otras crónicas, en prensa, que frenó el volumen de la orquesta para no taparlos. Para nada... no diré que metiera "ruido", porque aquello no era ruido en ningún sentido, pero sí buscó volumen y sonido. No me dio la impresión de quedarse con las ganas de meter más volumen al foso. Pero decía que me pareció flojo su trabajo con los cantantes porque no les daba apenas la más mínima entrada. Lo cual no es un problema en sí mismo, salvo cuando un cantante te lo reclama de forma evidente, como le sucedió a Ferrero durante el segundo acto, en un par de ocasiones, que buscaba la referencia de Halffter sin encontrarla, así que entró a destiempo en dos intervenciones, una levemente antes y otra levemente después. Eso Halffter lo podía haber evitado perfectamente. También hubiera podido ordenar mejor el coro de valquirias, que sonó un pelín aturullado (buenas voces, a todo esto). La respuesta del foso fue en general muy buena. Salvo alguna pifia menor del viento metal, todo estuvo en orden, destacando la muy alta calidad de las cuerdas. Así pues, la parte musical fue de muy alto nivel, pero podría haber dado mucho más de sí, con un Halffter menos conformista y resultón.


Sobre la puesta en escena de la Fura... buff... tanto que decir. No diré que me decepcionó, pero sí diré que me supo a poco. Me pareció un poco previsible y con más inconvenientes que hallazgos, en una valoración global. Doy por seguras de antemano dos cosas: la primera, que no estaba demasiado ensayado el trabajo escénico en estas funciones del Maestranza, por lo que me han comentado varios amigos que ya vieron este Anillo en Valencia, mucho mejor engranado. Por tanto, hubo un problema de preparación que hizo que no todo funcionara cómo y cuándo debiera. Y en segundo lugar, doy por supuesto que la propuesta escénica para esta jornada cobrará más sentido vista en el conjunto general de todo el Anillo tal y como la Fura lo ha trabajado. Vista, sin embargo, la Walkiria aislada, hay muchas cosas que me dejaron un sabor agridulce.

La primera, las proyecciones: en algunos momentos, hermosísimas y muy bien traídas, muy en sintonía con lo que sucedía en el foso, pero creo que son un elemento del que se abusa, confiando a él demasiados momentos de la función. Se me hicieron un tanto repetitivas, casi previsibles. Una lástima, porque en dos o tres momentos, sobre todo en el final del primer acto, el efecto es magnífico.

El segundo elemento que me genera dudas son las gruas que elevan, traen y llevan a diversos personajes desde el segundo acto. Sé que son un guiño a los móviles originales, etc, etc... pero... ¿nadie se ha dado cuenta de que es muy cansino ver a los técnicos constantemente en escena, como moviendo los hilos de esos gigantescos guiñoles? A mí me pareció más contraproducente que un hallazgo. Dicho de otra manera: muy vistoso, pero no me decía nada sobre lo que estaba pasando en escena. Muy vistoso, repito, pero muy vacuo. Puro derroche "técnico" que no me llevaba a ninguna parte. Vistoso sí, desde luego, eso no lo negará nadie. Pero a mí se me hicieron un poco cansinas las grúas tanto rato en escena.

Y el tercer elemento, el más descacharrante, es el móvil que aparece al cierre del segundo acto. Totalmente inutil, probablemente muy caro, tanto por los costes de la propia estructura como por la cantidad de gente que moviliza para montarlo, y... ¿para qué? Totalmente ausente de significado. Igual es que no le pillé el punto a esa propuesta, pero me pareció innecesario.

Así pues, la puesta se queda en dos o tres hallazgos escénicos del primer acto (esa Sieglinde atada, como un perro, por ejemplo), una iluminación bien pensada, dos o tres guiños efectistas (pero muy caros, supongo), y un hermoso final del tercer acto (pero no memorable, ya que hemos puesto de moda la palabrita de marras...). Tanto escuchar y leer sobre la puesta de la Fura y... me supo a poco. Igual es que mis expectativas eran muy altas... No me pareció una mala puesta en escena, en absoluto, pero sí una propuesta sobrevalorada. Qué le vamos a hacer..

fdo. Alejandro Martínez

sábado, 12 de noviembre de 2011

Crónicas de funciones: Boris Godunov, Palau de les Arts, Valencia, 11/11/11


Se inauguraba estos días la temporada lírica del Palau de les Arts de Valencia, con las funciones de Boris Godunov, en siete escenas, esto es, la versión original de 1869 con el añadido de la escena del boque de Kromy, de la versión de 1872.

Los grandes atractivos que ofrece la plaza valenciana siguen recayendo en la lujosa orquesta que viste su foso y el magnífico coro que completa el equipo. Todo ello, incluso en manos de una batuta tan joven como la del nuevo titular Omer Meir Wellber, que no tiene más de 30 años.

Este Boris contaba además con un solvente bajo para el rol titular, Orlin Anastassov, al que pudo verse hace unas semanas también por España, como Fiesco, en el Simon Boccanegra programado por la ABAO bilbaína.


En el apartado escénico se ofrecía una propuesta clásica y cinematográfica, en coproducción con el Teatro Regio de Torino, a cargo del directo de cine Andréi Konchalovski. Clásica, pero entendiendo que lo clásico no significa repetir viejas claves, acomodarse en lo rancio o caer en lo evidente. Clásica porque no busca otra cosa que trasladar a un teatro verosimil, directo y eficaz la historia que se trae entre manos, sin traslaciones temporales, guiños conceptuales, etc. Algo, por cierto, a lo que se presta, y mucho, esta ópera, y con excelentes resultados, a la vista de las magníficas propuetas escénicas para Boris que firmaron Willy Decker o Herbert Wernicke.

Konchalovski opta por moverse cómodo en su terreno cinematográfico y busca sobre todo dibujar una escenografía visual, a cargo de Graziano Gregori, basada en una austeridad escénica (grandes planos, símbolos evidentes, etc.), un eficaz movimiento de las masas escénicas y una impecable iluminación (a cargo del propio Konchalovski). El vestuario, firmado por Carla Teti, ofrecía el único, pero ominpresente, ingrediente de historicismo escénico puro y duro. Todo ello contribuye a crear grandes imágenes, grandes fotogramas, si bien no contribuye a facilitar la narratividad en una ópera con un argumento a veces un tanto enrevesado y desde luego nada lineal, dada la sucesión de escenas incomunicadas entre sí de forma directa. Se trata, pues, de una propuesta clásica, pero no por ello apolillada, que no ofrece ninguna vuelta de tuerca genial en torno a esta ópera, como si hacían los citados Decker o Wernicke, pero que sirve con más eficacia que dificultad a esta ópera.

La función tuvo un nivel muy notable, despegando claramente en los momentos de mayor impacto visual y musical a cargo del multitudinario coro, lo mismo que en los monólogos a cargo del protagonista, Boris Godunov.


Vocalmente, Anastassov se muestra mucho más cómodo y desahogado cantando en ruso que en italiano. La vocalidad eslava facilita su colocación y la emisión resultó más liberada y presente que en otras actuaciones presenciadas. Actoralmente pecó de un excesivo histrionismo en los momentos de máximo enloquecimiento del personaje, forzando casi una caricatura del poder de Boris más que aproximando una posible sintonía entre el espectador y sus remordimiento. Quizá buena parte de este resultado pueda atribuirse a las intenciones de Konchalovski. En todo caso, vocalmente estuvo a gran altura. Renunció al lucimiento en las dos o tres subidas al agudo más comprometidas, por evidente falta de medios ahí, pero a cambio ofreció un centro lleno de fuerza, un fraseo intenso, controlado, capaz de medias voces, de tensiones y dinámicas. Un estupendo trabajo. No es Ghiaurov, aunque físicamente se dan un aire, pero dudo que haya hoy en día un Boris mucho mejor que él (quizá el veterano Salminen, quizá el siempre interesante Pape). Tanto en la escena de la coronación como en la escena final estuvo sobresaliente.



Nikolai Schukoff decepcionó levemente. Mejor dicho: convenció plenamente, y con creces, en el rol de Grigori, pero no parece esa la voz que aspira a cantar, o que canta de hecho, roles de Wagner y Strauss con naturalidad y frecuencia. Una opción muy solvente para este rol, pero habrá que verlo como Bacchus en la futura Ariadne que se presentará en Valencia.

Muy notable el Pimen del experimentado Alexánder Morozov. Una voz grande, con buena proyeccion, con presencia, no especialmente notable por color o belleza, pero eficaz para dar vida al viejo monje.

Teatralísimo y vocalmente sostenible y digno el Varlaam del imponente Vladímir Matorin.

Impresentable la presentación vocal de Konstantín Plúzhnikov como Shúyski. Literalmente sin voz, entre el parlato inaudible y el grito inevitable. Digno de olvido.

Correcta la Xenia de Ilona Mataradze, lo mismo que el resto de intervinientes con partes pequeñas.


En conjunto, pues, una intensa velada, vocalmente a la altura, con algunos detalles mejorables, con un solvente protagonista, y con un lujo de prestaciones en el foso y en el coro.

La labor del joven Omer Meir Wellber fue muy notable, todavía más para una batuta con tan poco rodaje. Probablemente mucho mérito recae en los profesores del foso, pero lo cierto es que escogió bien los tempi, subrayó bien las dinámicas, sostuvo las tensiones adecuadas, trabajó bien con el coro, diferenció bien los planos y melodías. En fin, un trabajo que no admite apenas reproches.

Buen inicio de la temporada del Palau de les Arts. Ojalá esa orquesta dure muchos años, porque es todo un lujo en este país.

fdo. Alejandro Martínez

jueves, 10 de noviembre de 2011

Crónicas de funciones: Tristan e Isolda (ABAO) y L´elisir d´amore (AGAO)

En un fin de semana tuvieron lugar dos representaciones líricas, en Bilbao (ABAO) y en Pamplona (AGAO), con un mismo hilo conductor: el amor, el amor arrebatado que puede provocar un filtro en elcaso de la ópera wagneriana, o el amor producto de un elixir vendido por un charlatán de la mano de Donizetti.

Visto y oído el Tristan e Isolde de Bilbao, que en los papeles estelares cantaron Torsten Kerl, Jennifer Wilson, Elena Zhidkova, Matthew Best y Alan Held y, comparándolos con la modesta producción del Teatro Gayarre, enla programación de la AGAO y, siendo sabedor que en esta producción no están lasinstituciones vascas, ni la Fundación BBVA, ni Iberdrola ni demás mecenas, la entrega, la pasión y el canto de los intérpretes de L´elisir d´amore llegaron más al corazón y al sentimiento del espectador navarro que el de los solistas wagnerianos. Por que éstos no se amaban y esa no pasión se acentuó con la mala fortuna vocal de los intérpretes. Fue más intensa la "furtiva lacrima" de Leonardo Capalbo que la muerte de Isolde; hubomás entusiasmo y efusión en el gayarre que tal vez hubiera emocionado al públicobilbaino, tanto con el dúos y las arias interpretadas por Yolanda Auyanet, com odivertido con los aragoneses Carlos Chausson y Isaac Galán, a pesar de la fragilidad de la orquesta ode la puesta en escena -aquí se notan los medios y las genialidades- que para nada teníaque ver con la magnífica del Tristán bilbaíno.

Nuevamente el David golpeó a Goliat.

Fdo. Johnny Guitar

martes, 8 de noviembre de 2011

Audio de la primera conferencia del ciclo dedicado a la Zarzuela

Queridos amigos, para aquellos que no pudisteis asistir a la conferencia del pasado día 2, a cargo de José Miguel Loscos, titulada "La vuelta al mundo en la zarzuela", la tenéis ya disponible en nuestro blog, en el siguiente enlace:



Os recordamos que la próxima charla tendrá lugar este viernes, día 11, a cargo de María Sanhuesa, que nos hablará de los orígenes de la zarzuela.

La conferencia tendrá lugar a las 19 horas en el salón de actos del Museo Ibercaja Camón Aznar (MICAZ).

Gracias por vuestro apoyo y seguimiento. Os esperamos el viernes.

viernes, 28 de octubre de 2011

Programa de actividades - Noviembre y Diciembre

Queridos amigos, os damos a conocer la programación de actividades que hemos previsto para noviembre y diciembre:

- un ciclo de cuatro conferencias dedicado a la Zarzuela

- una conferencia del profesor Roger Alier sobre la historia de la ópera en Zaragoza

- y dos tertulias líricas, dedicadas a los aniversarios de Liszt y Mahler.

En el siguiente folleto encontraréis más información sobre fechas, horarios y lugares.La entrada a todos los actos es gratuita y libre, abierta no sólo a nuestros socios sino a todo el público interesado.



Podéis encontrar información más detallada en nuestra página en Facebook:


sábado, 8 de octubre de 2011

Novedades discográficas: La Bruja, de R. Chapí.

El 10 de dicembre de 1887, Ruperto Chapí estrenaba, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, la zarzuela en tres actos La Bruja. Con libreto de Ramos Carrión y Vital Aza, esta zarzuela "grande" supone en el género lírico español una nueva aportación musical superior a las producciones de la época. Si en la década de los años 50 tenía lugar la grabación de La Bruja protagonizada por unos jóvenes intérpretes -Alfredo Kraus y Teresa Berganza, dirigidos por Benito Lauret- este año de 2011, el sello discográfico Deutsche Grammophon ha editado una nueva edición fonográfica. En los papeles principales José Bros y Nancy Fabiola Herrera dirigidos, esta vez, por el maestro Miguel Roa con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Grabación en directo con la toma en el Teatro de la Maestranza con motivo de su puesta en escena en el 2009. Fue estrenada esta producción en el año 2002 en la Zarzuela bajo la dirección escénica de Luis Olmos. Con un buen estudio de la obra, con textos y fotografías de la producción, incopora el libreto hablado en el texto editado. Un Bros vocalmente pletórico, acompañado por Herrera que aporta un delicioso papel a la Bruja/Blanca. Destacan dúos brillantes o la celebérrima jota navarra. Los secundarios muy cumplidores. Totalmente recomendable.

fdo. johnny guitar

jueves, 6 de octubre de 2011

Crónicas de funciones: Simon Boccanegra, ABAO, 24/09/11


Breve crónica de la función inaugural, el pasado 24 de septiembre de 2011, de la LX Temporada de la ABAO con el verdiano Simón Bocanegra. Éste, interpretado por George Gagnidze, estuvo acompañado por Aihnoa Arteta (Amelia), Stefano Secco (Adorno), Orlin Anastassov (Fiesco), S. Piazzola (Albiani) entre los protagonistas. La orquesta era la Sinfónica de Euskadi y el Coro de la Ópera de Bilbao, todos dirigidos por Donato Renzetti. La puesta en escena de Hugo de Ana.


Un brevísimo resumen sería que Arteta, debutante en el rol, fue lo mejor de la velada -sobre todo a partir del dúo con su padre-, junto al Fiesco de Anastassov. Correcto en general Gagnidze, aunque constantemente limitado por las exigencias del gran rol que es el Boccanegra. De más a menos Piazzola y Secco. Se hubiera preferido un tenor menos lírico y con un punto más dramático para la parte de Gabriele Adorno.


En el foso, sobraba un metal casi atronador, en una vulgar dirección de Renzetti que, según rezaba el programa de mano, "está considerado entre los directores italianos más importantes del mundo" (sic.). Y la puesta en escena ciertamente vulgar, hubiera servido para cualquier otra ópera de corte historicista.

En suma, comienzo notable, con altibajos, y con un cierto aire de rutina, como es costumbre en las funciones bilbaínas.

Enlace con más información: aquí.

fdo. johnny guitar

jueves, 22 de septiembre de 2011

Primera Tertulia Lírica (29/09/2011)



Estimados amigos, desde la Asociación Aragonesa de la Ópera Miguel Fleta hemos pensado en el interés que podría tener la realización periódica de unos encuentros a modo de tertulia entre los aficionados a la lírica de nuestra ciudad. Dichas tertulias comenzarán en septiembre, con una primera convocatoria el día 29, jueves.

En principio tendrán una periodicidad mensual. Para esta primera reunión hemos pensado en comentar juntos las temporadas líricas de los principales teatros de nuestro país, así como cualquier otro asunto que pueda surgir durante el desarrollo de las tertulias. Éstas tendrán un carácter informal y están abiertas a cualquier invitado, no sólo a los miembros de nuestra Asociación. Nos gustaría, en cualquier caso, que estas tertulias fueran también un aliciente para conseguir progresivamente el apoyo de más socios. La Fundación "Casa de Ganaderos" colaborará con nosotros cediendo su salón de actos para estos encuentros. De tal forma que la primera de estas tertulias queda convocada para el jueves 29 de septiembre, a las 19:00 horas en dicha ubicación, situada en la calle San Andrés, número 8, en pleno centro de Zaragoza.

La entrada será obviamente gratuita y estáis todos invitados, seáis socios o no.

Os esperamos. Recibid un cordial saludo hasta entonces.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Campaña para la captación de patrocinadores y socios

Queridos amigos, estamos buscando patrocinadores para nuestras próximas actividades. Si se os ocurre alguna empresa o algún particular interesado en financiar nuestras iniciativas, no dudéis en sugerirlo o en ponerle en contacto con nosotros. Hay muchas formas de contribuir a nuestro proyecto. En este sentido, os recordamos lo importante que es para nosotros la figura del socio.


Actualmente, por 60 euros al año, repartidos en dos cuotas de 30 euros al semestre, nuestros socios tienen derecho a la asistencia gratuita o bonificada a todas nuestras actividades. Os animamos a concretar vuestro apoyo a nuestro proyecto formalizando vuestra adhesión como socios. Son sólo 60 euros, pero sumados los de muchos socios nos permitirían trabajar con una mayor perspectiva.


Gracias por vuestro tiempo. Recibid un afectuoso saludo.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Ley de Mecenazgo

Hoy, en Heraldo de Aragón, se publica esta breve nota firmada por nuestro presidente, Alejandro Martínez, apoyando la elaboración en Aragón de una Ley de Mecenazgo:



Con la llegada al gobierno del nuevo equipo Popular, se anuncia en el horizonte la necesidad e inminencia de una Ley de Mecenazgo. La inminencia quizá no sea tal, pues una ley de tal alcance no puede resolverse en poco tiempo, pero la necesidad si se antoja irrebatible. En tiempos donde el grifo público apenas gotea y en un modelo de gestión empresarial donde la responsabilidad social, por imperativos coyunturales, casi siempre se traduce en solidaridad social y casi nunca en inversión cultural, es preciso impulsar un marco legal que invite a las iniciativas privadas a destinar parte de sus beneficios al sostenimiento cultural. En este sentido, una ley de mecenazgo debería ser la solución para las iniciativas ciudadanas con vocación cultural que carecen de recursos propios suficientes, pero que se traen entre manos proyectos interesantes y sostenibles. Para que dichos proyectos no dependan en exclusiva de la mano generosa del Estado, que cualquier día puede cerrarse, es preciso implicar a empresas y a colectivos privados en este tipo de patrocinios. Esa situación ayudaría a implantar la idea de que la cultura es un asunto de todos, incluidas las empresas de la región, y no una competencia pública que los gobiernos gestionan. La cultura también está en manos de los propios ciudadanos, asociados, que pueden gestionar proyectos culturales si se alcanza un maridaje de patrocinios públicos y privados. El modelo no es nuevo, en cualquier caso. Tanto la situación en Estados Unidos como el caso de algunos países vecinos nos da la imagen de una dinámica cultural en España inusitada. El mecenazgo no es una fórmula más para que el Estado recaude fondos para los proyectos que apoya, guiado por la habitual "dedocracia". Al contrario, es la solución para que cada iniciativa cultural pueda "buscarse los cuartos", al margen de las restringidas ayudas públicas, a menudo adjudicadas de antemano. Los gobiernos, en suma, con una buena ley de mecenazgo, no escogerían el destino de esas inversiones, se limitarían a desempeñar un rol regulador. Y es que la cultura no demanda subvenciones a fondo perdido, sino inversiones y condiciones favorables para el despegue de sus proyectos, sostenibles a medio plazo con su propia dinámica. La cultura no es insostenible por necesidad, pero tampoco puede depender por entero de cómo sople el viento en las cuentas públicas. Es urgente, pues, trabajar en una Ley de Mecenazgo, pero los detalles de dicha regulación darán la clave, en su momento, para concluir si hemos aprovechado la coyuntura adversa o si hemos sancionado una realidad ya asfixiada. Si una Ley de Mecenazgo se dibuja en la agenda de nuestra política cultural, es preciso poner en marcha mesas de trabajo con las asociaciones culturales que podrían valerse de su regulación.



Alejandro Martínez Rodríguez

Presidente de la Asociación Aragonesa de la Ópera Miguel Fleta

sábado, 3 de septiembre de 2011

Crónicas de funciones: Die Frau ohne Schatten, Festival de Salzburgo.

Al reflexionar sobre una representación de Die Frau ohne Schatten (en este caso la reciente producción del Festival de Salzburgo), la obra más ambiciosa del tándem Strauss-Hofmannsthal, parece necesario no olvidarse que se trata de una ópera cuatro veces difícil. En primer lugar se encuentran las dificultades instrumentales, que suponen un reto no solamente en los atriles sino también en el podio al tener que lidiar el director con una masa orquestal superior a los 100 profesores. La batuta de la representación corrió, en este caso, por cuenta de Christian Thielemann quien supo ponerse al frente de la maquinaria orquestal que parece estar mejor engrasada para esta endiablada partitura, la Filarmónica de Viena. Se trata de una partitura hecha para la formación y a la que Thielemann tiene tomada la medida: versión suficientemente femenina en los fragmentos de voluptuosidad orquestal y de epatante belleza y suficientemente aristada en aquellos momentos de gran volumetría sonora (las tubas wagnerianas, colocadas a la izquierda del foso, se hartaron de ofrecer bramidos "demoníacos", como Strauss les atribuyera, como en las incisivas repeticiones del lamento del halcón en el gran cambio de escena del primer acto). Sólo pondría reparo a unos tempi excesivamente lentos por momentos, especialmente en el primer acto, en los que Thielemann gustó en recrearse con los lánguidos fraseos straussianos. En definitiva una versión más matizada, más extrema, que la de un Solti, por ejemplo. Además, fue un auténtico lujazo poder escuchar todos y cada uno de los instrumentos en los que Strauss pensó, incluidas las espeluznantes fanfarrias llamando al juicio desde detrás del escenario.

En segundo lugar están las dificultades vocales que suponen un reto para el numerosísimo elenco de cantantes y coros (incluido uno de niños), especialmente para el quinteto principal. De ellos triunfaron especialmente, a mi parecer, los tres cantantes con los roles más desagradecidos y, en cambio, no se lucieron o, directamente, fallaron, los dos cantantes con los roles más lucidos. Evelyn Herlitzius (La mujer) y Michaela Schuster (Nodriza) pusieron toda la carne vocal en el asador y, si bien en ocasiones eligieron la entrega y el canto decibélico frente a una aproximación más matizada (en este sentido Schuster se lleva unos puntos más de delicadeza frente a Herlitzius), no puede negarse que fueron las grandes triunfadoras de la noche al haber defendido con justicia dos papeles tan poco amables. El tercer cantante que se entregó hasta el final a pesar de lidiar con el papel más breve y quizás más endiablado fue Stephen Gould (El emperador), que supo entregarse en sus dificilísimas intervenciones de los dos primeros actos (donde sólo canta 5 ó 10 minutos de forma completamente aislada a lo largo de grandes intervalos de tiempo) y coronar con justicia en el dúo y cuarteto finales. La cruz de la moneda la ofrecen Wolfgang Koch (Barak) y Anne Schwanewilms (La emperatriz). El primero no porque haya ofrecido una mala noche sino porque desaprovechó el papel más agradecido (tanto vocal como dramáticamente) de toda la ópera y se mostró inaudible en algunos concertantes. La segunda porque directamente está muy lejos de poder ofrecer una lectura musical adecuada de su papel. Esta vez sí audible (a diferencia de su Mariscala madrileña del pasado diciembre) pero reservona en todo momento y con un agudo tirante, feo, cercano a la ruptura (en la grabación de la ópera puede comprobarse su "solución" al vergonzoso agudo en la escena del sueño del segundo acto), insuficiente para colorear las frases extraterrenales de la Emperatriz. De nada sirve que, por fortuna para nosotros, ofreciese una escena en el templo que, en lo dramático, podríamos calificar de excepcionalmente buena. Probablemente se deba a su falta de quilates vocales lo que le impide extrapolar toda la entrega y saber hacer de esta escena tan importante al resto de la ópera. Por lo que respecta a los papeles menores todos fueron servidos con justicia (Markus Brück, Steven Humes, Andreas Conrad: los hermanos, Rachel Frenkel: el halcón, Peter Sonn: la aparición, y las diferentes voces, guardianes y sirvientas) con excepción del relevante Mensajero (Thomas Johannes Mayer) que falló estrepitosamente en la primera escena de la ópera al no escucharse prácticamente ninguna de sus intervenciones (¡"Er wird zu Stein!" debe dar miedo!). Los coros (el de adultos y el de niños) aportaron la definitiva categoría vocal de la representación.

En tercer lugar se encuentran las dificultades de los diferentes ambientes, tonos y atmósferas del gran número de escenas de la ópera, y que son un reto para los responsables de la presentación visual. Si algo puede decirse de esta nueva (y seguramente costosísima) producción del Festival es que destaca sobremanera por el dominio técnico del aparato escénico (especialmente la iluminación) así como el trabajo actoral. Sería una injusticia no destacar la tarea desarrollada por los profesionales involucrados en la misma. El verdadero problema reside en que el director de escena Christof Loy falla estrepitosamente al proponer una visión de la ópera que pretende resaltar sus cualidades intrínsecas con una argumento alternativo que, además de no aclarar los aspectos más confusos de la misma, resulta más oscurantista y, a posteriori, sonrojante. Asistí a la representación tras haber leído los breves apuntes incluidos en la página web del Festival y con el ánimo de comprender y asimilar una visión diferente de esta ópera. Tras un primer acto en donde la primera media hora se asemejó a una versión de concierto el cansancio llegó con el segundo y tercero en el que los cambios de las luces de grabación indicaban la existencia de una trama alternativa que en ningún momento se llega a desentrañar. Incapaz de desenmarañar la madeja y cansado de la repetición de los mismos tics una y otra vez (por enésima vez asistimos a las quejas del ingeniero de sonido por los ruidos producidos por los cantantes), opté por olvidarme de las acciones que se representaban sobre el escenario. Sólo dos detalles me parecen realmente destacables de esta producción: la sustitución del sueño de la emperatriz por la visión de los técnicos de sonido y asistentes transmutados en infantes, y la aparición postrera de la nodriza justo en los acordes finales de la ópera. Todo quedaría así en una desafortunada realización escénica si no fuera porque ya en el hotel pude leer con calma la "trama personal de la ópera" que Loy nos ofrece en el librito de la ópera (en definitiva, lo que explicaría lo que se vio durante la representación). Mi indignación no pudo ser mayor al comprobar que un planteamiento preliminar que podría dar juego se convierte en una sucesión de naderías cuya explicación en negro sobre blanco no me provocó más que sonrojo y vergüenza. La trama alternativa, con sus cantantes viejos y nuevos, sus parejas de cantantes con problemas conyugales está cogida con pinzas, es trivial hasta extremos insufribles (a años luz de la poética de peso que Holfmannsthal pone encima de la mesa) y se demuestra tan poco trabajada que en los momentos en que Loy no sabe cómo cuadrar su visión con lo que sucede en escena llega a explicaciones como las que siguen (copio literalmente de la traducción inglesa del libro): "Frau. B is flirting with ideas about deceiving her husband and is not embarrased to mention it in front of other women. It is no less disturbing to the Empress that Herr. B., who's rather drunk, is bringing hungry people in off the street and feeding them" o "The laws of nature seem to have been rendered invalid. Mothers no longer want children, and men want to kill their wives. As B. makes to strike his wife dead, the whole world seem to crumble. Even the Nurse is seized with deadly fear. Higher powers are at work."



Finalmente están las dificultades de un libreto complejo, intrincado y, en última instancia, simbolista, y que son un reto para el público que asiste a la representación. Afortunadamente, pese a las limitaciones que hemos señalado, el público se mostró receptivo y entregado a esta nueva producción salzburgiana de la Sin Sombra. La última había sido hacía 19 años (existe grabación en DVD del evento) y no es de extrañar que un público como el del Festival haya sabido apreciar la superación de los obstáculos para poner en escena este "Hauptwerk". Si además unimos el hecho de que, por tercera vez en el Festival, se pudo disfrutar hasta la última nota de la ópera (cercana a las 3 horas y media de duración) podemos entender el entusiasmo al acabar cada uno de los actos y, especialmente, al finalizar la función.

En este sentido (el de la completitud de la ópera) me gustaría recoger la argumentación que sobre ella realiza el director musical, también extraída de la traducción inglesa del librito de la ópera, pues más allá de la defensa acérrima de una partitura que ama, demuestra cómo unos artistas se ponen al servicio de la obra para ensalzarla mientras que otros la utilizan para perpetrar sus naderías: "There is a great deal to be gained by dropping the cuts, particularly in Act Three, where the expulsión of the Nurse is far more compelling if it is preceded by the quartet Nurse/Messenger/Dyer's Wife/Barak with its musical 'waves'. And then there is the melodrama in the scene with the Empress in the temple […] Strauss was making deliberate use of an additional and exceptionally effective technique and I would be very loath to do without it. […] it is only right that the audience should be given the opportunity to experience this pinnacle of Strauss's creativity in all its extraordinary richness-without cuts". Amen.

fdo. Ignacio F. Rúa

viernes, 26 de agosto de 2011

Crónicas. Recital de S. Keenlyside en Edimburgo





Festival Internacional de Edimburgo, Usher Hall, 19 de agosto de 2011

Simon Keenlyside, Malcolm Martineau

El programa del Festival anunciaba un recital con cinco autores de caracteres tan diferentes como Mahler, Strauss y Schubert por un lado y Duparc y Debussy por otro. El detalle de los títulos en el programa de mano nos revelaba que las canciones elegidas giraban (como suele suceder en los recitales de Simon Keenlyside que combinan lied y mélodie) en torno al amor y la Naturaleza.

El primer grupo de canciones fue el dedicado a Mahler, alternando canciones a partir de poemas de Rückert con otras extraídas de Des Knaben Wunderhorn. El recital empezó con una interpretación algo insegura de Ich atmet' einen linden Duft; Keenlyside pareció sentirse bastante más cómodo con Des Antonius von Padua Fischpredigt, cargado de ironía, y a partir de ahí todos, intérpretes y público, entramos de pleno en la música. La perla de este primer bloque, Liebst du um Schönheit. ¿Se puede transmitir humildad cantando? Porque la canción sonó tierna y humilde, una hermosa interpretación.

La primera parte continuó con los compositores franceses. De Duparc escuchamos dos de sus canciones más conocidas, Le manoir de Rosamonde y Phidylé, que sonó vibrante y urgente; una lectura algo alejada de la habitual, más soñadora, pero igualmente convincente. De la pasión en Duparc pasamos a la exquisitez en Debussy, cuatro canciones encabezadas por una elegantísima versión de Nuit d'étoiles.

Con la segunda parte volvimos a los compositores alemanes, en primer lugar Strauss. Sin duda, la sentida interpretación que Simon Keenlyside ofreció de Befreit fue el momento más intenso del recital y Malcolm Martineau nos concedió una pausa más larga para recuperar el aliento (porque el público también se queda sin aliento a veces) antes de volver a hablar del deseo con Epheu y Ständchen.

El recital acabó con Schubert. Sea por la debilidad tantas veces confesada de Keenlyside por este compositor, sea por la mía propia, no pude evitar la sensación ya con las primeras notas de que Schubert es... otra cosa. De la melancólica Auf der Donau a la brillante Im Walde, pasando por la serena Der Einsame y, sobre todo, la imponente Prometheus. Espléndido.

Dos propinas, An den Mond in einer Herbstnacht (con la que los intérpretes buscaron algo de frescor que aliviara el calor que hacía en el auditorio) y una nueva serenata, esta vez de Brahms, cerraron la velada. Una vez más, el tándem Keenlyside-Martineau nos había regalado un estupendo recital. Una vez más, gracias.

fdo. Elvira

domingo, 24 de julio de 2011

Crónicas de funciones: Der Rosenkavalier, 19/07/11


El Caballero de la Rosa es una de las óperas que menos me gustan de Strauss, a pesar de que la Mariscala sea uno de mis personajes favoritos. Entre escenas de gran belleza, encuentro numerosos pasajes reiterativos y tediosos. Bien, la representación del pasado martes en Munich ha resultado ser una de los mejores Caballeros que haya escuchado en vivo.

Empezando por la escena clásica, clasiquísima, de Otto Schenk (1972), preciosista y absolutamente dieciochesca. Luminosa y llena de detalles para disfrutar recorriendo el escenario con la vista. Es tan vistosa que en la apertura del telón en el segundo acto (casa de Faninal) el público rompió a aplaudir espontáneamente. Vestuario a cargo de Jürgen Rose, a juego con la escena, lógicamente, bellísimo y lujoso, a base de sedas y encajes que lucían imponentes aún desde el segundo piso del teatro.


En el foso, además de la siempre solvente Orquesta Estatal de Baviera, estaba el director Constantin Trinks, que ofreció una lectura de la partitura poco lírica para mi gusto, además de soltar la rienda de la orquesta demasiado en ocasiones, con las dificultades que eso supuso para que los cantantes pudieran atravesar el espeso muro sonoro de Strauss.

Vocalmente, la noche fue una fiesta. En el papel de la Mariscala debutaba Anja Harteros, soprano un poco irregular que cumplió con creces. No será la mejor Mariscala que yo haya escuchado (en directo, el premio se lo lleva Martina Serafin) pero sonó elegante y timbrada, tal vez un poco plana en el aspecto interpretativo, aun consiguiendo transmitir la serena melancolía del personaje. A su lado estaba la gran mezzo Sophie Koch como Octavian, prodigiosa. Ofreció todos los matices posibles en una línea de canto absolutamente impecable. Una maravilla, también escénicamente. La tercera voz femenina era la de Sophie, Lucy Crowe, una joven soprano de voz angelical que daba perfectamente el tono del personaje, aunque todavía tiene que desarrollarse mucho para afrontar otros papeles. Sin embargo, su timbre delicado resultaba muy adecuado para la joven Sophie.


Peter Rose era el barón Ochs. De presencia rotunda, exhibió un canto sin complejos, bien proyectado y muy cómico. Muy acertado también Martin Gantner como Faninal, una pena que su papel sea tan limitado, porque posee una voz muy noble. El resto de los numerosos cantantes en escena también resultaron notables. A destacar especialmente Ingrid Kaiserfeld como la intrigante Marianne y Piotr Beczala como el cantante italiano, que pasó bastantes apuros en los endemoniados agudos de su bellísima aria. En resumen, una representación muy bien conseguida tanto a nivel escénico como, primordialmente, musical.


fdo. Alicia Cano

Crónicas de funciones: Rusalka, 18/07/11



Si la historia de la desdichada ondina que quiere ser humana siempre me ha parecido muy triste, con la producción de Martin Kusej para la Ópera Nacional de Munich, Rusalka no es triste, es desoladora. Kusej transforma el cuento de hadas en una narración sobre abusos sexuales y mentes perturbadas, donde el Espíritu del Agua es un secuestrador y violador de niñas (inspirado, por cierto, en los casos reales de Natasha Kampusch y Josef Fritzl), que mantiene a las "ninfas" en un húmedo sótano con la complicidad de Jezibaba, su alcoholizada esposa. Cuando Rusalka consigue escapar de ese sórdido ambiente la espera el mundo real, donde solo logra encontrar una depravación parecida, para acabar en un psiquiátrico completamente trastornada. La dirección de Kusej no deja ni un resquicio de esperanza, y lo más sorprendente de su propuesta es cómo encaja a la perfección tanto con los personajes como con el libreto, aunque en esta versión frases como "corramos, hermanas, que si el Señor de las Aguas nos atrapa tendremos que darle un beso" toman un sentido un tanto escalofriante. Como siempre, una torsión del cuento original como esta puede desagradar a algunos y entusiasmará a otros. Yo solo puedo decir que es profundamente fiel a la esencia de la historia a pesar de los cambios y que es honesta, llena de estudiados detalles y al servicio de los cantantes. En mi opinión, una de las mejores producciones que haya visto en teatro.


Musicalmente, la noche también brilló a notable altura. La Orquesta Estatal de Baviera sonó, como siempre, estupendamente. Bajo la batuta de Tomas Hanus la partitura de Dvorak cobra un lirismo exacerbado, una intensidad que puede resultar excesiva a los que están acostumbrados a lecturas más sobrias.

Vocalmente, la estrella, la protagonista y la triunfadora de la noche fue la joven soprano Kristine Opolais. Solo se puede decir que ella es Rusalka. Después de ver su conmovedora e intachable interpretación en Munich costará escuchar a otra cantante en el papel. Brillando en el agudo, se queda un poco corta por abajo, pero consigue transmitir tanto con su bellísima voz y su arrolladora presencia en el escenario que resulta hipnótica.
Con un personaje y una interpretación como la de Opolais es fácil que el resto de cantantes queden en un segundo plano. Empezaría destacando el Príncipe de Piotr Beczala, un tenor con un bello timbre muy apropiado para el papel, aunque pasó algún apuro en el agudo en ciertos momentos, en general resultó una soberbia interpretación, especialmente la escena final con Rusalka y la muerte, con una media voz prodigiosa. Notable también Alan Held como el Espíritu del Agua, aunque su voz un tanto mate desmerece un poco la maravillosa partitura de bajo.Correcta Janine Baechle. Poco más se puede decir de ella, ya que cumplió pero sin destacar especialmente. En cuanto a Nadia Krasteva, que cantaba el breve pero intenso papel de La Princesa Extranjera, fue vocalmente lo más flojo de la noche. Su voz de mezzo pura no puede con las exigencias de la princesa, y resultó bastante tosca y forzada en el agudo (recientemente pude escucharla como Éboli en Berlín y no hay comparación). Los comprimarios (Evgeniya Sotnijova, Angela Brower y Okka von der Damerau como las ninfas, Ulrich Ress como el cazador y Tara Erraught como el chico) cumplieron. El público disfrutó muchísimo, en cualquier caso, y las ovaciones finales se alargaron por varios minutos, levantándose el telón en numerosas ocasiones. Una grande, grandísima, noche de ópera.


fdo. Alicia Cano

sábado, 23 de julio de 2011

Crónicas de funciones: Don Giovanni, Munich, 17/07/11


Hay propuestas escénicas innovadoras, provocadoras y sin embargo interesantes. Y hay otras que encajan en las dos primeras categorías pero fallan estrepitosamente en la tercera. La visión de Don Giovanni ideada por Stephan Kimmig para la Ópera Nacional de Baviera que hemos visto en Munich esta temporada es del segundo grupo. Elementos gratuitos (el anciano que aparece en escena en varias ocasiones), incongruencias (un protagonista nihilista y salvaje en el primer acto convertido en un simpático amo de casa en el segundo), detalles traidores al libreto (Don Giovanni cantando la serenata a Donna Elvira)… nada que empañara la maravillosa música de Mozart, en cualquier caso, pero el mensaje que apetece lanzar al señor Kimmig es “si no puedes mejorarla, déjalo estar”.

Dejando caer la producción, pues, en un benévolo olvido, he de destacar como la protagonista de la noche a la orquesta magistralmente dirigida por Constantinos Carydis. Pocas veces he oído tanta expresividad, tantos detalles sonoros saliendo del foso. Unos tempi completamente adecuados a lo que pasaba en escena, unos pianissimi increíbles, unas pausas llenas de dramatismo, una dirección que acariciaba la partitura… Vocalmente, sin embargo, la noche fue irregular. En el sector sobresaliente, una vez más, Gerald Finley como protagonista. A estas alturas de su carrera Finley tiene el papel tan interiorizado que parece cantar sin esfuerzo. Matizando como nos tiene acostumbrados, no se le puede poner un pero.


Alex Esposito cantaba Leporello. Con una voz grande y bien proyectada, su timbre un tanto tosco pone un contrapunto adecuado con la delicadeza de la voz de Finley. Buen actor, podría objetarse que cargara demasiado las tintas en el histrionismo del personaje. Se llevó la gran ovación de la noche.

De las tres damas hay que darle la mejor nota a Laura Tatulescu como Zerlina. Muy musical, con una línea de canto elegante y un timbre homogéneo, apetece escucharla de nuevo a ver cómo evoluciona. Véronique Gens no estuvo acertada en el primer acto, con unos agudos estentóreos e incapaz de regular las dinámicas. Mejoró bastante en el segundo, marcándose un Mi tradi l’alma ingrata notable. Sin embargo en conjunto fue una Donna Elvira algo decepcionante.

También irregular Erin Wall como Donna Anna, aunque en media mejor que Gens y especialmente maravillosa en su aria del segundo acto, demostrando notable poderío vocal. Solvente Phillip Ens como el comendador en su pequeño papel. Y dejo para el final lo peor de la velada: Levente Molnár como Masetto, completamente fuera de estilo, intentando suplir su falta de recursos vocales con exagerados movimientos escénicos y Joseph Kaiser como Don Ottavio. Tal vez tuviera una mala noche, tal vez el papel sobrepasa su capacidad vocal, pero fue incapaz de llevar a buen puerto un papel tan extraordinario, musicalmente hablando, como el que Mozart escribió para el tenor. Especialmente difícil fue su subida al agudo, donde desafinó notablemente, tanto que incluso recibió varios abucheos tras su segunda aria.

Una representación con luces y sombras, por tanto, disfrutable, pero que, con un reparto más homogéneo, se habría convertido en inolvidable.


fdo. Alicia Cano