miércoles, 15 de enero de 2014

Verdi en el Teatro Principal de Zaragoza


Teatro Principal de Zaragoza

Cuando finaliza el bicentenario del nacimiento de Giuseppe Verdi, no estaría de más recordar cuáles, de sus numerosos títulos, fueron estrenados en el Teatro Principal de Zaragoza desde los inicios del siglo XX hasta el final de la temporada oficial de ópera que, desde la década de los años sesenta hasta 1978, organizó el Ayuntamiento zaragozano.

La ciudad de Zaragoza contaba con numerosos teatros y tanto ópera como zarzuela, y opereta en menor medida, se alternaron en sus escenarios. El Principal de Zaragoza era el referente cultural de la misma pero no podemos obviar al Teatro Circo, Pignatelli, Iris, Argensola, Fleta, etc entre los numerosos coliseos zaragozanos que recibían la visita de los melómanos. Además, la ciudad de Zaragoza era lugar de estrenos importantes o el escenario donde rápidamente se estrenaban, sobre todo el repertorio lírico español. Sirva como ejemplo que el primer Otello se estrenó en el Principal el 5 mayo de 1909, pero ya en 1901 una compañía italiana llevaba a los escenarios Ernani o Un ballo in maschera.

Un rápido recorrido sobre las tablas del teatro del Coso indicaría que desde enero de 1908 a abril de 1919 se representaron en sus tablas Rigoletto, Il Trovatore, Un ballo in maschera, Aida y Otello con las llamadas Gran Compañía de Ópera italiana o tan solo de Ópera italiana o las numerosas compañías de empresarios españoles que acudían al Principal con regularidad.

Aida fue representada todos los años entre 1909 y 1914, Trovatore en 1910, 1912 y 1914; Otello en 1909 y 1910; Rigoletto en 1910 –en castellano- y en 1912, 1914, 1915, 1917 y 1918; Ernani en 1912 y 1916.

Más importante fue la actuación en mayo de 1926 de una Compañía de Ópera que contaba con la figura estelar de Hipólito Lázaro. La Traviata y Aida estuvieron en cartel en mayo de ese año, siendo Radamés el genial Lázaro. Al año siguiente, sería la Compañía de Mercedes Capsir quien pondría el título de Rigoletto, al igual que la de Ofelia Nieto, también en 1927.

No hay que olvidar, por su repercusión artística, al Teatro Circo, que fue el escenario donde cantó Miguel Fleta entre mayo y junio de 1925. Aida fue puesta en escena el 31 de mayo por el tenor aragonés, pero por sus tablas se representaron otras Aidas junto a Rigolettos, Trovadores y Otellos.


Il Trovatore (fragmentos). F. Bordoni, M. Caballé B. Martí. Teatro Principal de Zaragoza, 1973

En los años de la postguerra, la soprano María Espinalt cantó La Traviata –diciembre de 1940- y al año siguiente se interpretaban nuevamente Rigoletto y Aida. Traviata y Rigoletto en 1942, Aida en 1943 y 1946, donde actuó con la Compañía Ercole Casari, el afamado Gigli en el rol de Radamés. Rigoletto en 1944 y en 1946; La Traviata nuevamente en 1949.

En la década de los cincuenta Tito Schipa protagonizó un recital donde cantó entre otras arias algunas de Rigoletto. Y habrá que esperar a la Temporada Oficial del Ayuntamiento de Zaragoza para seguir disfrutando de los títulos verdianos: La Traviata en 1962 con Ana María Olaria en el rol titular; Rigoletto y Trovatore en 1967; al año siguiente Aida y Traviata; en 1969 Rigoletto, que supuso el debut de María Fleta. El año 1972 aportó Un ballo in maschera, Aida y Trovatore fueron representados en 1973. Los últimos cinco años de las temporadas fueron para Rigoletto en 1974, nuevamente La Traviata en 1975, Aida en 1976 y el año de 1977 fue para Don Carlo y Luisa Miller.

Las voces que cantaron los títulos verdianos, además de las citadas sopranos fueron, entre otras, Monserrat Caballé, Bernabé Martí, Vicente Sardinero, Juan Pons, Mirna Lacambra, Pedro Lavirgen, Manuel Ausensi, Jaime Aragall, José Carreras, María Aguerri, Ángeles Gulín, Luis Lima, Antonio Borrás, Julio Catania entre los artistas españoles y Aldo Protti, Anna Novelli, Flaviano Labó, Bianca Berini, Marco Stecchi, Gianfranco Casarini, Peter Glossop, Janet Coster, Leonida Bergamonti, Michele Vilma, Ana Maccianti, Mª Luisa Cioni, Eduardo Cittanti, Luciano Saldari, entre los extranjeros.

viernes, 20 de diciembre de 2013

Ópera y Navidad: Werther

Llegamos a fechas señaladas con las que la ópera guarda también una relación especial. "Noël! Noël! Noël! Jésus vient de naître, Voici notre divin maître..", cantan los niños ya a en la primera escena. Estamos todavía en julio y los niños han comenzado a ensayar ya sus cánticos navideños. Un hermosísimo dúo entre Werther y Charlotte, preñado de melancolía, resume su encuentro y su forzosa distancia:


En el acto segundo, tres meses más tarde y con Charlotte ya desposada con Albert, aquella vuelve a encontrarse con Werther. Ambos, conteniendo sus sentimientos, se despiden confiando en volverse a ver para Navidad: "Vous reviendrez...bientôt... tenez... à la Noël!".


El acto tercero nos sitúa de lleno en Nochebuena. Charlotte está en su casa leyendo de nuevo las cartas de Werther, interrogándose por el poeta, por su destino e incapaz de explicarse cómo pudo dejarle escapar:


Werther aparece entonces en escena, súbitamente, y lee para Charlotte una de sus poesías. Es el momento del conocido "Pourquoi me réveiller"


El cuarto acto comienza con una música terrible, que presagia un desenlace funesto. Massenet expone aquí una introducción orquestal de gran intensidad para meternos de lleno en esa noche de nieve agitada y angustiados sentimientos


Charlotte sale en busca de Werther pero llega demasiado tarde y le encuentra ya moribundo. Ella le confiesa su amor y él le pide perdón. A lo lejos escuchamos de nuevo el fatídico "Noël! Noël! Noël!" del primer acto. Werther fallece en los brazos de Charlotte mientras los niños entonan un villancico:



Una Nochebuena teñida de negro, sin duda, triste y tremebunda, pero retratada por Massenet de un modo fascinante y hermoso.



Queremos cerrar esta última entrada del año en el blog con un pequeño regalo en formato de primicia. Durante los últimos meses hemos estado trabajando en nuestra segunda producción de una ópera escenificada. Pronto os daremos todos los detalles, pero queríamos despedir 2013 compartiendo con vosotros una grata noticia: por fin, Carlos Chausson debutará en el Teatro Principal de Zaragoza el próximo 29 de abril de mano de la Asociación Aragonesa de la Ópera.

¡Feliz Navidad a todos!

Junta Directiva
Asociación Aragonesa de la Ópera

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Elvira de Hidalgo

Elvira de Hidalgo
Elvira de Hidalgo

Tras el arte incomparable de Maria Callas, que el lunes hubiera cumplido 90 años, hay un pedacito de lírica aragonesa. O mucho más que un pedacito, si somos estrictos. Porque la maestra que dio forma a la voz dotadísima y singular de Callas, la maestra que forjó su técnica absoluta no fue sino una turolense, Elvira de Hidalgo. Nacida en Valderrobles en 1891, fue la maestra de Callas en Atenas entre 1938 y 1943. Pero había sido mucho más en el mundo de la lírica durante las décadas anteriores.

Con sólo dieciséis años, tras estudiar en Barcelona con María Barrientos y en Milán con Melchor Vidal, debutó como Rosina de El barbero de Sevilla en el teatro San Carlo de Nápoles. A partir de entonces desarrolló una fulgurante y muy reconocida carrera como soprano de coloratura, especialista en papeles con escritura de agilidad como Gilda de Rigoletto, la Lucia de Donizetti o Elvira de I Puritani.


Actuó en todos los grandes teatros, desde los primeros coliseos europeos de Milán, Londres, Viena, París, Roma, Madrid o Barcelona a los grandes templos americanos, como el Metropolitan de Nueva York o el Colón de Buenos Aires. Actuó junto a nombres que son ya historia de la ópera, como Tita Ruffo, Chaliapin, Stracciari, Fleta o Battistini. Podemos hacernos cargo de su fama si atendemos a que fue la soprano elegida para representar en 1916 a Rosina en la conmemoración en la Scala de los cien años de El barbero de Sevilla.

Tras su retirada en 1936 se dedicó a la docencia, instalándose en Atenas hasta 1949. Después se mudó a Ankara y recaló finalmente en Milán, donde falleció en 1980, con casi noventa años de edad. Cuando nos referimos a los grandes nombres que Aragon dio a la ópera durante el siglo XX siempre reparamos en Fleta y Lorengar, pero convendría también reparar de vez en cuando en la notable trayectoria de Elvira de Hidalgo.